Abel de Lacerda (1921-1957)
Abel de Lacerda nació en 1921. Bisnieto, nieto e hijo de médicos, pero sin vocación para la medicina, decidió cursar Ciencias Económicas y Financieras. Su padre, Jerónimo de Lacerda, creó en Caramulo, el mayor sanatorio de la Península Ibérica. Su muerte en 1945 obliga a Abel de Lacerda a suspender sus estudios para poder continuar con la obra de su padre. Reanudará los estudios pero de forma independiente.
La gran pasión de Abel Lacerda es desde siempre el arte y, poco a poco, aunque con escasos recursos, va coleccionando obras a la vez que procura relacionarse con artistas y coleccionistas. En 1953, tiene la idea utópica de crear en Portugal, con características absolutamente originales, un museo de coleccionistas amantes de las artes plásticas. Apoyado por amigos con la misma pasión, empieza a reunir un conjunto de obras de gran valía, siempre con arreglo a un riguroso criterio y cuyo conjunto evidencie una perfecta armonía.
En un espacio de tiempo muy corto congrega a cien personalidades y cerca de ciento cincuenta piezas, lo que le permite ofrecer una magnífica exposición en el Palacio Foz de Lisboa, inaugurada por el jefe del estado portugués, el General Craveiro Lopes, y por miembros del gobierno de entonces. Esta exposición es la punta de lanza para que el gran público conozca lo que llegará a ser el Museu do Caramulo, que su creador deseaba fuera fruto de la generosidad y donaciones particulares. Enseguida empieza a pensar en las instalaciones que han de albergar la colección que va en aumento, decidiéndose por la localidad de Caramulo.
Abel de Lacerda viaja, estudia, planifica e inicia la construcción del edificio del museo. Muere de forma prematura en un trágico accidente en 1957 sin tiempo para consolidar su obra ni para crear el debido soporte jurídico. Pero la dinámica y la energía generadas eran imparables. |
Abel de Lacerda en la Exposición de la Colección del Museu do Caramulo, en el Palacio Foz de Lisboa, en 1956. De izquierda a derecha: el profesor Marcelo Caetano, el general Craveiro Lopes, el almirante Américo Tomás y el doctor Abel de Lacerda.
En 1958, los amigos y donantes crean la Fundación Abel de Lacerda y dan personalidad jurídica a su voluntad. En 1959, con un estatuto de utilidad pública, se inaugura el Museu do Caramulo – Fundação Abel de Lacerda que añadirá al patrimonio nacional un valor inestimable.
En seis años se había cumplido el sueño. Parecía utópico pero, por vez primera, nacía de hecho un pequeño gran museo constituido por obras excepcionales. Gracias a la iniciativa y al empeño de Abel de Lacerda y al mecenazgo de los portugueses que con él creyeron en el proyecto, se trajeron a Portugal obras que estaban dispersas por el mundo y que de otra forma difícilmente habrían vuelto al territorio nacional. Un ejemplo de ello son los celebres tapices manuelinos de Tournai.
Más de un millón de personas han visitado el Museu do Caramulo. Siempre independiente, pertenece a sus donantes, cuyo número se renueva todos los años. Dispone de un notable acervo de piezas cuya selección sigue obedeciendo los criterios de calidad y de valor impuestos por Abel de Lacerda, lo que le permite mantener la misma armonía o interés, poco comunes en las instituciones que aceptan dádivas o incluso herencias.
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